Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, A.C.

Dr. Ismael Piedra - Secretario Académico 2025-2027

1. Desarrollar una mentalidad de facilitador más que de transmisor

Los docentes debemos asumir el rol de guía, motivador y acompañante del proceso, en lugar de ser únicamente quien dicta contenidos. Esto implica fomentar la autonomía y responsabilidad del estudiante en su propio aprendizaje.

2. Realizar diseños pedagógicos intencionales

No basta con usar técnicas novedosas; cada actividad debe tener un propósito claro alineado con los objetivos de aprendizaje y con competencias médicas (clínicas, comunicativas, éticas). Ejemplo: usar un caso clínico para desarrollar pensamiento crítico, no solo para memorizar datos.

3. Retroalimentar de forma efectiva

Las metodologías activas requieren que el profesor brinde feedback inmediato, específico y constructivo, tanto individual como grupal. Esto asegura que los estudiantes identifiquen sus errores y consoliden aciertos.

4. Utilizar herramientas tecnológicas y didácticas.

El docente debe manejar recursos como simuladores, plataformas digitales, aplicaciones de gamificación, cuestionarios interactivos o modelos de flipped classroom. La tecnología es un medio para enriquecer la experiencia de aprendizaje.

5. Desarrollar habilidades de gestión de grupos y colaboración

El aprendizaje activo se sustenta en la interacción entre estudiantes. El docente necesita habilidades para formar equipos diversos, fomentar la participación equitativa y gestionar debates productivos, evitando que algunos dominen la discusión mientras otros se marginan. Estos cinco pasos del aprendiaje activo son como la “caja de herramientas pedagógicas” de un profesor de medicina que quiere transformar su aula en un espacio participativo, clínicamente relevante y centrado en el estudiante.