Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, A.C.

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Ramón Esperón
Universidad Autónoma de Yucatán - AMFEM

Cuidar a otros pesa. Quien estudia medicina carga vidas ajenas desde muy joven: guardias largas, decisiones difíciles, miedo a equivocarse. A ese peso se suma otro que casi nunca se dice en voz alta: la violencia. En una encuesta nacional con 2,458 estudiantes de medicina, cuatro de cada diez dijeron haber vivido acoso sexual o violencia durante su formación. Tres de cada cuatro no conocían ningún protocolo para denunciar. Hay residentes que temen ser violadas, y residentes que saben que quejarse se castiga con más guardias. El miedo se vuelve silencio, y el silencio, costumbre. El silencio es un riesgo para todos, profesionales de la salud y pacientes.

Quien no se cuida difícilmente cuida bien. El autocuidado no es debilidad ni lujo: forma parte de la profesión, como lavarse las manos antes de operar. Dormir, comer, descansar y pedir ayuda permiten pensar con claridad y tratar a otros con respeto. Pero el autocuidado no puede ser solo tarea individual. Nadie duerme si la guardia no se lo permite, ni pide ayuda si hacerlo se castiga o es signo de debilidad. Cuidar a quienes cuidan es una responsabilidad de escuelas y hospitales, pero también gremial, no un favor. Como dice la estrategia nacional: cuidar a quienes se forman para cuidar a los demás es también cuidar la salud de México.

No cuidar tiene un costo, y lo pagamos todos. En Latinoamérica, antes de la pandemia, el burnout entre estudiantes de medicina llegaba hasta 44%. En una encuesta de estudiantes, quienes sufrieron maltrato recurrente de profesores reportaron agotamiento alto en 57% de los casos, frente a 33% de quienes no lo sufrieron. El agotamiento suele ir acompañado de depresión, y la depresión predice las ideas suicidas entre profesionales de la salud. Cada persona que se rompe es una pérdida de vida y de talento. El costo llega también al paciente: más burnout se asocia con menos calidad y menos seguridad en la atención, y los médicos agotados tienen casi tres veces más probabilidad de reportar errores.

También es violencia no enseñar. Es violencia cerrar una sede sin asegurar que los estudiantes sigan aprendiendo, poner a enseñar a quien nunca se preparó para hacerlo, o mandar a un joven a una comunidad aislada sin supervisión ni ruta de apoyo. Un hospital o unidad de salud sin tiempo para enseñar, sin tutores y sin un ambiente donde equivocarse sea seguro le falla a quien aprende y, más tarde, a quien se atiende. A veces no hay un agresor con nombre. A veces la violencia es una institución que no se preparó para formar. La ignorancia colectiva sobre el cuidado también es violencia.

La salida no es un reglamento más. Es construir juntos ambientes académicos saludables: ecosistemas con valores y principios rectores, donde la exigencia convive con el respeto. Para eso nació la Estrategia Nacional de Ambientes Académicos Saludables y su modelo CUIDAR, con seis pasos: Cultura de respeto, Ubicación temprana de riesgos, Intervención oportuna, Derivación a ayuda especializada, Acompañamiento, y Revisión para la mejora continua. Su idea central es actuar antes de que los problemas ocurran. Formemos para cuidar, y cuidemos a quienes nos cuidan: solo así tendremos centros médicos académicos de excelencia, con calidad de atención y personas que se sientan seguras al aprender, enseñar y curar. ¿te sumas?

Descarga el Documento oficial en: https://amfem.edu.mx/index.php/publicaciones/editorial-amfem/libro-estrategia-ambientes-saludables

Fuentes

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